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Noticia

Cuánto oro (o plata) debe uno comprar?

17 Diciembre 2014

Cuánto oro (o plata) debe uno comprar?

Buena pregunta.

Un amigo me contaba la teoría que escuchó o leyó, no sé dónde, en la que un señor (un señor de los que compran oro) decía que uno debía ir comprando oro cada mes. Comprar oro, llegar a casa, esperarse un rato (o un día, a veces consultarlo con la almohada es pertinente), y luego pensar si se ha comprado suficiente cantidad, o por contra, se debe adquirir más.

Bien, no es ninguna tontería... Que yo recuerdo un profesor de matemáticas que, en clase, nos explicaba la diferencia entre la condición de necesario y la condición de suficiente.

¿Cuál el problema?

 

 

Debemos entender que los cambios económicos y cambios de paradigma se dan más a menudo de lo que nos parece. A toro pasado, y gracias al lento devenir del tiempo, uno casi no se da cuenta, pero hay cambios de comportamiento de los individuos que conforman la sociedad, empujados, a menudo, por cambios tecnológicos, que sí van a acarrear consecuencias muy, pero que muy, interesantes. No por interesantes quiero decir que sean consecuencias malas o indeseables.

Los cambios monetarios se dan de la noche a la mañana. ¿Acaso le pidieron la opinión para cambiar de pesetas a euros? A mí no, desde luego. Pero pasó, y pasó rápidamente. España entra en la UE (por entonces CEE) en 1986. Nada más empezar 2002, se nos obligó a cambiar a euros. Si mis cálculos no me engañan, estamos hablando de 16 años.

Ya, sí, desde luego. 16 años no es un cambio “de la noche a la mañana”. Pero ahora piense en los dólares actuales. Richard Nixon, en pleno 15 de agosto de 1971 - y este caso sí es digno de ser etiquetado con un “de la noche a la mañana” -, y con todo el mundo de vacaciones, anunció que mandaba a la porra el sistema internacional Bretton Woods, desvinculando definitivamente el oro del dólar. Aunque los efectos de este cambio se notaron, sobretodo, en 2008...

Ahora, pongamos otro ejemplo. Bitcoin, del que ya he hablado alguna vez, es una moneda que lleva unos cinco años en funcionamiento. Y quien dice bitcoin, dice Paypal (sí, bien, no es una moneda, ni una divisa, pero sí un intermediario que, en cierto modo, revolucionó el comercio online), tarjetas de crédito, etc.

¿Por qué mezclo peras con manzanas? ¿Por qué meto en un mismo saco tarjetas de crédito y oro? Pues porqué son elementos que producen cambios sociales importantes. ¿Qué diferencia hay entre ellos, en este sentido? A mi entender, dichos cambios cada vez se adoptan, masivamente, más rápido. Facebook fue adoptado por la masa mucho más rápido que el teléfono móvil, y éste, a la vez, mucho más rápido que las tarjetas de crédito. Cuanto más atrás en el tiempo nos movamos, veremos que las tecnologías se adoptan de forma más lenta.

Luego desde este punto de vista, no es ninguna locura pensar que el próximo cambio, venga por donde venga, será adoptado por la masa de forma rápida. ¿Sí?

Hasta aquí, mi razonamiento es independiente del estado de la economía.

Pero una vez se investiga un poco el estado de salud de las transacciones voluntarias entre los individuos del mundo, queda claro que queda cuerda para poco. En 1913 se ensambló una bomba de relojería económica que se ha ido agrandando con el paso de los años y decisiones políticas y tratados. La FED se creó para financiar la primera guerra mundial y de paso ganar ingentes cantidades de dinero jugando a ser trilero con el esfuerzo y sudor de la población. La bola de nieve continuó descendiendo por la ladera y nadie hizo nada para parar su descenso.

Estas cosas son aquellas que son fáciles de arreglar al principio, pero que conforme pasa el tiempo va ganando momento, inercia, con lo que acaba llegando un punto de no retorno, y luego un gran “big bang”.

Así que tenemos una guerra de divisas mundial para ver quién devalúa más que el vecino. Un “tonto el último” de la devaluación. Euros, yuanes, yenes, rublos, dólares, libras... Da absolutamente igual. Los bancos centrales están de rebajas, y esta vez diría que más que rebajas hablamos de un “liquidación total” por cierre.

Volvamos al principio. Los cambios económicos, tecnológicos y sociales cada vez son más rápidos y más presentes. Cada nueva tecnología deja a las anteriores casi en ridículo (mi teléfono móvil contiene cámara de fotos, de vídeo, grabadora, Internet, teléfono, mensajería, y un largo etcétera). Y, encima, ahora tenemos tecnologías que quieren convertirse en un cambio económico de primer orden.

¿Pero a mí, cuánto oro me toca?

En el mundo, según se tiene comúnmente entendido, hay unos 1.555.210 kilos de oro en total (ya minado o descubierto, no se tiene en cuenta el oro que hay por descubrir bajo tierra o en el mar). Eso, en onzas, son 54,858,407 onzas de oro. Cincuenta y cuatro millones son muchos millones, pero si lo dividimos por los 7 mil millones de personas que se estima viven en el planeta, nos da que toca a 0'0078 onzas de oro por persona.

Ahora imagínese, por un momento, que pasa “algo” insospechado (insospechado para la mayoría) y, de repente, cambia el sistema monetario en el que nos basamos para intercambiar bienes y servicios. Cuando eso suceda, todos aquellos que posean su riqueza en forma de moneda antigua, perderán su riqueza al evaporarse el valor declarado de su moneda, ya que es fiduciaria y vale lo que la autoridad decida que valga, y los que posean su riqueza en forma de moneda nueva absorberán lo que pierdan los poseedores de la moneda vieja.

Ninguno de nosotros pudo, ni hubiese podido, evitar el cambio de pesetas a euros, lo que nos demuestra que, si guardamos nuestra riqueza en forma de dinero fiduciario (y sus derivados), quedamos totalmente expuestos a lo que decidan los mismos que disfrutan de tarjetas negras y otros lujos.

Habrá un momento en el que el público entenderá, de una vez por todas, que el oro es un seguro de vida como no hay otro en el mundo, y luego todo serán prisas para comprar.

Prisas, colas... Como las colas para comprar el iPhone nuevo de turno, pero a lo bestia y sin cuartel.

¿Cuánto oro me toca?

Mire, si todos naciésemos hoy y nos repartiesen el dinero de forma equitativa, deberíamos juntarnos más de ciento y pico para conseguir una sola onza de oro... Con lo que con que tenga sólo una, ya le irá mejor que al resto... Peeeeeero, yo siempre pienso: “Si tienes una y sólo una, a la que te la roben, te quedas sin”. Con lo que minimizo ese riesgo comprando otra y teniéndola en otro lugar. Y así sucesivamente, cuanto más tenga y más repartidas estén, menos riesgo de quedarse sin.

¿Es necesaria una onza de oro? Sí, si quiere dormir tranquilo, sabiendo que su dinero no es la promesa de un tercero.

¿Es suficiente una onza de oro? Por lo expuesto anteriormente, no parece ser que lo vaya a ser.

¿Cuánto oro debe uno comprar? Creo que la respuesta no es cuánto sino cómo.

Y, pues, ¿cómo se debe comprar oro? Como si no hubiese mañana.

Y cuando digo oro, digo plata. Adquirir metales de inversión es lo más sensato en estos tiempos que corren, aunque deberíamos llamarlos “metales de seguro”, ya que, como ya se explicó en un artículo de hace unos meses, el oro no es realmente una inversión sino un seguro.

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